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Aprenda que errar no es fracasar (*)

 

 

 

 

Unas gotas de agua parecen inofensivas, pero con el tiempo pueden erosionar hasta la piedra más dura. De la misma manera, unas gotas de diálogo interior negativo y destructivo erosionarán con el tiempo nuestra sensación de seguridad y confianza.
 
 Imagine que ha tenido una gran idea para su empresa. Su jefe, entusiasmado, le pide que la exponga al directorio. Su familia, al enterarse, le muestra apoyo y cariño. Usted se prepara con mucho esfuerzo y practica su presentación hasta tarde, durante varios días.
 
 Llega el día más importante de su vida profesional y sus colegas lo animan. En el directorio se da cuenta de que su computadora no enciende. El impaciente directorio le pide que empiece sin ayudas visuales. Usted olvida puntos importantes y siente que todos se estan aburriendo. Los reunidos muestran su indiferencia. Un serio gerente le agradece y le dice que ya lo pensarán… ¿Cómo se siente?… ¿Qué hace?. Un camino frecuente es deprimirse, sentirse fracasado y empezar un diálogo interno destructivo: "¿Cómo es posible que sea tan torpe?… ¡Soy un inútil!… ¡Nunca haré otra presentación!". Otra posibilidad, menos frecuente, es sentirse apenado por la equivocación, pero analiza las causas de los errores para no reincidir, tomando una actitud constructiva y positiva.
 
 ¿De qué depende nuestra reacción ante los errores?… En gran medida de nuestra niñez. Los programas de computación dan los mismos resultados, por más que pasen años. Esa es la naturaleza de un programa. Lo mismo ocurre con nuestra mente: si nuestros padres nos humillaban y criticaban cuando nos equivocabamos, grabaron en el "disco duro" de nuestra mente un programa con sus palabras destructivas.
 
 Cuando fallamos en la actualidad, este programa -almacenado hace muchos años- se activará con un diálogo interno destructivo. Este programa es como un virus de computadora: se activa solo, sin que nos percatemos, y destruye todo lo que hemos logrado con esfuerzo.
 
 Desde la tierra, las estrellas se ven pequeñitas e insignificantes. Pero desde la perspectiva de las estrellas, la tierra también se veria insignificante. La próxima vez que se equivoque, cambie de perspectiva. Piense que le recomendaría a otra persona que pasara por un problema similar. Al realizar este ejercicio, vera que su angustia baja. Somos más críticos e intolerantes con nosotros mismos que con los demás.

Tal como el antivirus protege su computadora contra los virus informáticos, instale su propio antivirus mental. Cada vez que escuche su diálogo interno destructivo, detengalo. Recuerde que usted es responsable por lo que decide pensar.

Finalmente, analice cual es la lección que la vida quiere enseñarle. Recuerde que la vida le hace repetir la lección hasta que logre aprenderla.

 
 Un maestro movia sus manos junto a una vela encendida en un cuarto y le pregunto a su discípulo que veia. El discípulo respondió: "Veo tus manos moviendose". El maestro apago la luz, dejando la vela encendida y preguntó: "¿Qué ves?". El respondió: "Veo el reflejo de tus manos contra la pared.

 

Parecen sombras de animales gigantes". Luego, el maestro apago la vela y le pregunto que veia. El discípulo respondió:

-"No veo nada". El maestro le dijo: "Discípulo, lo mismo ocurre en la realidad. Nuestra visión depende del nivel de iluminación que tengamos en nuestra vida". Si vivimos en negatividad y angustia y no controlamos nuestra mente, estaremos en la oscuridad, sin capacidad de ver nada. Una iluminación escasa nos hace ver sombras distorsionadas de la realidad y vivir con miedo creyendo que son reales. Solo si vivimos con la luz prendida en nuestro interior podremos ver la realidad como es.

 

Dejemos de ver las sombras irreales de las paredes y prendamos la luz en nuestro interior, controlando nuestros pensamientos. Solo de esta forma podremos percibir nuestros fracasos como simples equivocaciones y oportunidades para crecer.
 
 (*) El autor de lo que acaban de leer es David Fischman, Director de la Escuela de Empresa de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.