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             Buscándonos...

 

 

 

Nadie encuentra lo que no está buscando.

No es verdad que las cosas aparecen de pronto;

que, sorpresivamente, cuando para la lluvia,

vemos una hermosísima flor en el tallo

en el que antes no había nada.

Allí hubo, por lo menos, un capullo cerrado,

algo que estaba por abrirse,

por transformarse en flor...

 Cuando un hombre encuentra a una mujer,

cuando una mujer encuentra a un hombre...

los dos estaban buscándose.

 Por soledad.

O por dolor.

O por ganas de revivir la vida

insu­flándole oxígeno a los pulmones.

O porque sí.

 ¿Por qué explicarlo todo?

¿Por qué decir que la causa, el efecto,

que la casualidad no existe, que... ?

 Mejor pensemos que lo importante es que,

cuando no hay alguien a nuestro lado,

no hacemos tostadas (¿para mí solamente? No...),

no gastamos el frasco de perfume,

duran menos las latas de atún y

más las milanesas en el freezer,

compramos con más nostalgia que alegría

un ramito de flores para llevar a casa,

y estrenamos muy pocas cosas.

 Se van yendo las ganas,

como se va la luz, poquito a poco...

Y la noche nos asesta su golpe con el recuerdo,

nos envía sus fantasmas más tristes,

sus sombras incansables e inclementes.

La noche que no termina nunca,

que crece,

que atormenta,

que entrevera nombres,

que ronda,

que agiganta las lágrimas hasta

transformarlas en un océano.

 Estamos solos porque no hacemos una llamada.

Porque no damos el paso que nos acerca.

Porque no decimos la primera palabra

que se transforme en puente.

 Nadie encuentra lo que no está bus­cando.

 ¿Por qué crees que vos y yo nos encon­tramos?

 ¿Desde dónde venías acercándote?

¿Desde cuándo yo esperaba que llegaras?

¿Por qué yo?

 
Poldy Bird