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EL ASNO Y EL HIELO

 

 

Era invierno, hacía mucho frío y todos los caminos se hallaban helados.

El asnito estaba cansado, y no se encontraba con ánimos para caminar hasta el establo.

- ¡Ea, aquí me quedo! -se dijo, dejándose caer al suelo. Un aterido y hambriento gorrioncillo fue a posarse cerca de su oreja y le dijo:

- Asno, buen amigo, ten cuidado; no estás en el camino, sino en un lago helado.

- Déjame quieto, no te metas en mi vida, ¡tengo sueño ...! -Y, con un largo bostezo, se quedó dormido.

Poco a poco, el calor de su cuerpo comenzó a fundir el hielo, hasta que, de pronto, se rompió con un gran chasquido.

El asno despertó al caer al agua y empezó a gritar:

- ¡¡Socorro!! ¡¡Socorro!! -pero nadie pudo ayudarle, aunque el gorrión bien lo hubiera querido.

 

Así somos algunos humanos, a los cuales la historia del asnito ahogado debería hacer reflexionar.

 

La pereza suele traer consecuencias impredecibles, de las cuales siempre salimos prejudicados.